El Estado corporativista
 

El corporativismo surgió hacia 1870. Es una combinación de servilismo religioso y servilismo frente al rey. Fue una maniobra jurídicamente dudosa porque da a un empresa los derechos de una persona física, individual, mientras no hay nadie, ningún individuo, dentro de la empresa que sea responsable en ultimo caso. El corporativismo da legitimidad al conjunto y la quita del individuo. Se opone a los principios de la democracia y hace lo posible para apartar el individuo de los asuntos públicos. Su propósito es global pero sus componentes son hombre grises buscando beneficios personales, a corto plazo, egoístas y nefastos. Según ellos, los fines justifican los medios. Sus negocios son antisociales como la comida basura, el tabaco, el alcohol, las armas y las energías contaminantes. El estado psicológico producido dentro y fuera de las corporaciones produce una huida hacia delante que no entiende de objetividad. El estado corporativista vive de las ideologías y hace lo posible en contra de las ideas. Grupos, partidos políticos, nacionalismos, religiones y corporaciones aglutinan a sus peones con su ideología, cuya única idea es la acumulación sin límite de capital y poder. El individuo entonces se acostumbra a dejar de pensar por su cuenta. Entra en un estado de intelecto adormecido. La pasividad entonces es una expresión de la fiel creencia.

Vemos que el fascismo, el marxismo y el corporativismo acaban produciendo un estado de cobardía intelectual. ¿Has observado a los que votan a partidos obreros mientras piensan fascistamente? La pasividad colectiva es muy fácil de instalar entre gente con poca información y cultura. Y lo peor es que las ideologías acaban cambiando como las modas. Se presentan como verdades y son evanescentes como el humo.

Mediante el corporativismo, las grandes corporaciones empresariales acaban utilizando a todos los gobiernos como marionetas que aparentemente gobiernan, pero que en realidad no hacen sino cumplir los designios de esas corporaciones.

Un fundamento de la democracia es la libertad de expresión. Un estado corporativista no necesita de la censura abierta. Es más sutil. El lenguaje acaba dividido en partes. Existe lo que se dice en la calle, y luego lo que dicen las corporaciones. Las corporaciones disponen de la retórica, la propaganda y su argot particular. Los argots han sidos siempre una manera de marcar castas y dar la sensación de auto importancia a los entendidos. Las profesiones médica, jurídica, de la construcción, la religiosa y la mercantil tienen cada una su vocabulario propio, inaccesible para el ciudadano medio. Dividiendo el lenguaje en dominios, corporativista y público, se hace difícil captar la verdad. Así la sociedad se desliza hacia un estado de autoengaño, desilusión y romanticismo mal entendido, aspectos típicos de las ideologías. La ley no es justicia, es tan sólo miedo. Vemos a estas alturas que la censura represiva no es necesaria ya que la retórica y la propaganda no permiten la comunicación real. La retórica dibuja la ideología, mientras que la propaganda la vende. Acaban normalizando lo falso con argumentos circulares como encontramos en los jesuitas, los economistas, los políticos, y los bomberos pirómanos. Su propósito es establecer una autoridad paralizante basada en una credibilidad mediocre, mientras falta rigor intelectual a cada paso.

Para tareas poco aceptables utilizan términos eufemísticos como 'pongamos a todos en la misma pagina de música', que significa que no habrá debate. 'Adelgazar una empresa' es despedir en masa. 'Trato especial' es mandar a la fosa común.
Cuando estés escuchando a un conferenciante pregúntate siempre quien firma su talón, quien paga su nómina. Más difícil pero más importante es identificar lo que no dice. Para la propaganda el lenguaje es secundario. La propaganda gira alrededor de la imagen y la música. Modifica las emociones antes de instalar conceptos. Su diana es el amor propio, el nacionalismo, las creencias religiosas, el patriotismo. Acaban borrando poco a poco el pensamiento.

Lo que consigue el corporativismo es desviar la educación de su propósito universal, el de enseñar a pensar. Un alumno que sale diplomado en su especialidad será habilitado en su función, pero desprovisto de conocimientos de la estructura social en que se encuentra. No ha sido 'educado'. ¡Jamás sabrá pensar! El corporativismo elude la idea básica de que educar no es llenar una mente, sino encenderla.

Hay cuatro modelos de gobierno que deciden en donde reside su legitimidad. Puede ser un dios, un rey, grupos, o individuos actuando en conjunto. Si el ciudadano no ejerce su derecho, entonces su espacio será ocupado por otro. No es una cuestión moral, es un cuestión de la física, que no permite un vacío. Será conveniente aquí enfatizar que este texto no es una diatriba, es mas bien un diagnostico. Mi propósito no es el de armar las emociones sino tan sólo informar.
Seguimos. Las corporaciones no son propiedad, no son poseídos como una empresa particular. Son dirigidas por hombres grises parecidos a funcionarios. Nadie en ellas es responsable en última instancia. Son todos empleados, no hay, pues, espíritu creativo o constructivo.

No hacen inversiones a largo plazo, no invierten en investigación y desarrollo. La creatividad provoca miedo en la conciencia administrativa y tiene un efecto negativo en la innovación. Tampoco son creadores de puestos de trabajo. Los economistas y gerentes son mas bien como adoradores del dios dinero, esperando que el plan divino sea revelado. Tampoco puedan iniciar ni parar lo que sucede. Otorgan poder sin responsabilidad. El poder sin responsabilidad es una forma primitiva de analfabetismo e ignorancia criminal. No facilita nada y provoca trabas. Limita el pensamiento. Reducen el mundo a argumentos lineares basados en su visión fija y profundamente triste. Las personas cultos o inteligentes suelen huir hacia un mundo romántico pensando en lo que podría ser si fuese de otra manera o si se pudieran reunir algunos factores. Mientras, las mentes grises y poderosas aguardan en la seguridad de que los beneficios serán suyos con el paso del tiempo. Como todos los ideólogos en el poder son figuras tragicómicas. Llegan a parodiarse a si mismos. Dicen por ejemplo que la economía esta experimentando un tirón fuerte y en el mismo párrafo añaden que la nación está en la bancarrota. Suena como una madre insoportable o la iglesia que dice que su amor es tan fuerte que tienen que torturarte. A ese nivel ordinario no se les puede acusar de conspiración. Eso les darían una dignidad no merecida.

En todas las culturas occidentales e islámicas hay una culpabilidad profundamente injertada en sus mentes. Curioso que tres religiones tan conflictivas tengan sus raíces comunes en el Antiguo Testamento con su cuento del Génesis, en un dios de ira y retribución. La instalación de la culpabilidad en el hombre moderno por medio del Génesis ha dado lugar a nuestra manipulabilidad. Nacemos defectuosos y pasamos todas nuestras vidas justificándonos uno a otro. Resultamos muy fáciles de chantajear y manipular. Los economistas saben muy bien como aprovechar la culpabilidad colectiva cuando de deuda se trata mientras el sheeple (sheep people), el ciudadano rebaño o borrego jamás se da cuenta de que pasa su vida corriendo tras billetes de papel que carecen de valor intrínsico. Somos como galgos corriendo tras de una liebre mecánica en un canódromo.

El miedo del administrador hacia la incertidumbre es justamente lo que le incapacita a enfrentarse a una crisis. Eso claro no les importa y siguen reclutando clones de ellos mismos. Hablan de la necesidad a cada paso. La necesidad ha sido la justificación para recortar libertades civiles a través de la historia. Es el argumento del tirano y el credo del esclavo.

Vemos una sociedad superficialmente democrática y profundamente corporativista. Se enfrenta entonces al interés egoísta a corto plazo, y el desinterés hacia el bien publico. Sólo una democracia madura y asumida responsablemente por sus ciudadanos puede sustentar el bien publico. No se ve por ningún lado. La democracia inmadura y secuestrada que vivimos presenta ridículamente dos bandas, derecha e izquierda, como el único modelo factible. Parecen como los luchadores/actores en la lucha libre (lucha simulada) de la televisión. ¡No convencen!

A ver, el dinero en si no es un negocio. Es sólo un instrumento para facilitar el intercambio. No es un valor en si mismo. Los mercados financieros que no están directamente vinculados con la producción son inflación pura y dura, fantasía tan sólo. Es una forma más de ideología. Tras esto se encuentra el hecho de que los bancos no son gubernamentales. Son bancos privados con accionistas particulares. Me refiero a los bancos de bancos; 'El Banco de Inglaterra' y 'La Reserva Federal de USA'. Todos los demás bancos van a remolque. Si ganan guardan sus ganancias y si pierdan pasan la factura a los ciudadanos para que lo abonen con sus impuestos. Imprimen dinero a su gusto. Un depósito bancario no disfruta de ninguna garantía, es tan sólo un préstamo al banco. Si hay un colapso como el de 1929, o como en Asia hace 10 años o en Argentina hace 4 años, estamos completamente indefensos, pero sólo nos quejamos si nos toca en las carnes, si no, vivimos en una nube de ignorancia. El corporativismo es interesado en todo lo que obliga a la gente a someterse. Hacen todo lo posible para instalar la pasividad, la alienación y la sumisión entre la población, que se cree, paradójicamente, libre y dueña de su destino.

Tendríamos todo a nuestro favor si el tamaño de las clases de las escuelas fuesen reducidas. Implica más profesores pero se dedicaría más tiempo a una educación amplia en cultura, enseñando a pensar, analizar y criticar antes de especializarnos en determinada materia. Eso produciría una sociedad con conocimientos históricos de su cultura y de nuestra especie y una sensación de participar en un proceso histórico a la larga. Daría a las personas un sentido de la responsabilidad del que actualmente carece. Daría los medios para pensar por su cuenta en vez de ser sólo un elemento empleado pasivamente. Lo que pide nuestra situación no es una reforma ni gente que dicen 'hay que tomar medidas al respecto'. Lo que falta es un cambio de percepción. Si el dinero compra y corrompe la política, entonces hay que quitar el dinero del proceso político. Es grotesco ver que los negocios nocivos tienen éxito y los benignos se enfrentan al fracaso. ¿Por qué será? Somos regidos por la mentalidad del malvado listo, quien, cuando le pides un pan, te da una piedra, estamos mal acompañados. Pero todo lo que vive acaba muriendo. Lo que pasa es que la evolución pisa la masa de cadáveres apilados como si fuesen gradas de una escalera.

Sócrates nos enseña que la vida examinada hace de la incertidumbre una virtud. La duda es motivo de celebración, el camino de todo conocimiento. Pero a una mente castrada eso le resulta incomprensible.
Al final Sócrates fue condenado a muerte, no por enseñar a sus alumnos a pensar creativamente, sino porque les enseñó a averiguar en primer lugar cómo habían sido engañados.

Peter Trainin.

The fish cannot know thirst. Such is our own situation.
(El pez no puede imaginar la sed. Esa es nuestra propia situación)